lunes, 30 de enero de 2006

Brrrrrrr.... Brrrrrrrrr....
El ratoncito se ha hecho madrugador por motivos laborales... y cuando llega a su puesto, aún reina la oscuridad en la calle, llega el primero, enciende las luces y su ordenador, hace frrrriiiiioooo....
Llega P. saluda con un Buenos días!, y lo primero que hace es acercarse al termostato y ponerlo a tope.
Llega J. Saluda y se sienta en su sitio.
Comienza a llegar más y más gente, hasta que a las 8:30 estamos todos ya trabajando.
A la media hora comienzan las discusiones:

Qué calor hace aquí!
Pues yo estoy helada!
Pero si es que vienes en camisa, ponte algo de más abrigo!
Bueno, yo bajo la temperatura...


De pasar frío nada más llegar, a pasar calor y otra vez frío, pasa menos de una hora...
Sobre las 10 vuelve la discusión...

Qué frío hace aquí....
Pero qué dices P. si ahora hace muy bueno!
Pues yo subo la temperatura!.


Y así sucesivamente a lo largo de toda la mañana...
Resultado:
El ratoncito ha estado enfermo, ha cogido frío y lleva unos días con dolor de tripa, y de todas las articulaciones... El próximo día me cargo el termostato en 22 grados.

domingo, 29 de enero de 2006

Diario de un español en Kenia VI
Primera visita a Mombasa (29-01-2005)
Casi llevábamos un mes en Kenia y apenas conocíamos el país. Pasábamos casi todo el tiempo en el hotel por lo que decidimos hacer una escapada a Mombasa.

Había que organizarlo para que el “Matato” viniese a recogernos al hotel a las 6 de la mañana, pues, aunque Mombasa estaba a 150 kilómetros, la carretera era muy mala, y en realizar el trayecto desde Voi, se tardaba unas tres horas.
Alguien de producción nos proporcionó el teléfono de un taxista “Atanás”. Cerramos el precio en unos 2000 “shilings” por cabeza por el viaje y por guiarnos durante el día.
El matato es una furgoneta tipo Nissan Vanette, con nueve plazas para pasajeros, se suelen utilizar para realizar safaris por los parques nacionales porque además tienen el techo abatible.

A las seis de la mañana, el grupo de “ciervos” estábamos preparados en el hall del hotel. A mi me tocó el asiento de la muerte, es decir, el de acompañante del conductor, y se llama precisamente por el elevado número de muertos por accidentes de tráfico que se producen en este país, siendo esta plaza una de las más peligrosas...
Durante todo el recorrido tuvimos la sensación de peligro porque como he dicho la carretera estaba fatal, sin señales, destrozada y además circulaban muchos camiones de mercancías que enlazaban el puerto de Mombasa con la capital, Nairobi.

A medida que nos acercábamos a la costa empezaron a surgir palmeras en medio de la vegetación que rodeaba los laterales de la vía. El clima parecía más suave, pero el calor era más pegajoso.
Mombasa era una ciudad grande, inmersa en un caos “organizado” de tráfico, gente por las calles, tiendas, vendedores...
La primera parada que hicimos fue visitar una fábrica de esculturas de madera artesanales Akamba. Allí vimos como trabajaban con mucha habilidad todo tipo de madera, creando bellas tallas de animales, masais, etc.

Después de hacer unas compras, Atanás nos llevó a una de las paradisíacas playas en el extrarradio de la ciudad: Bamburi Beach.
Reservamos una mesa en el restaurante italiano “Pirates”. Estaba a pie de playa y tenía unas vistas espectaculares.
Nos dimos el primer baño en el Índico... el agua estaba como un caldo y la marea estaba baja por lo que tuvimos que entrar muy dentro...

De repente Zaorejas se topó con un amigo muy indeseable que le clavó varias espinas... Un erizo de mar. Estaban por todas partes, así que poco a poco y con cuidado salimos del mar para evitarlos...
La comida ya estaba lista... Unas langostas, y una ensalada con tostas a un precio increíble!!!
Celebramos con champán la futura paternidad de Zaorejas, que hacía unos pocos días se había enterado de que tendría una pequeña zagala.
Al anochecer regresamos al hotel, cansados pero muy contentos por el día que habíamos pasado, cosa que Atanás no compartía pues quería cobrarnos más dinero del ajustado. Más adelante otros compañeros tuvieron problemas con este conductor, por lo que terminó por ser uno de los que no realizarían más trayectos con el equipo, en beneficio de Steve que era todo lo contrario a Atanás, pero eso lo dejo para otro día.

jueves, 26 de enero de 2006

Efemérides...

Nacieron tal día como hoy:

1695. José Quer, botánico español, creador del Jardín Botánico de Madrid
1743. Francisco Requena y Herrera, militar español
1764. Jean Baptiste Bernadotte, mariscal francés que llegó a ser rey de Suecia y Noruega
1865. Sabino Arana, político español, fundador y primer presidente del PNV
1877. Kees Van Dongen, pintor holandés
1880. Douglas MacArthur, general estadounidense
1883. Juan Zaragüeta, filósofo español
1904. Manuel Lora Tamayo, químico y político español
1918. Nicolae Ceaucescu, ex presidente de Rumanía
1920. Akio Morita, ex presidente de Sony Corporation
1925. Paul Newman, actor y director estadounidense de cine
1926. José María Valverde, escritor y profesor español
1927. José Simón Azcona Hoyo, político hondureño
1927. Joaquín Barraquer, oftalmólogo español
1928. Pedro Masó, director español de cine
1941. Rafael Arias Salgado, ministro de Fomento
1942. Eugenio Breogolar, diplomático
1942. Rafael Arias Salgado y Montalvo, político español
1943. Huey "Piano" Smith, músico
1943. Angela Davis, política
1948. Miguel Angel Martin, entrenador de baloncesto
1950. Jarmila krstochvilova, atleta retirada
1957. Eddie Van Halen, músico
1958. Norman Hassan, músico
1960. Rafael Amador, músico
1960. Michael Hutchence, músico
1960. Wayne Gretzky, jugador de hockey sobre hielo
1963. Andrew ridgeley, músico
1978. El Ratoncito Pérez.

miércoles, 25 de enero de 2006

Felices sueños...

Este ratoncito lleva un par de semanas que duerme feliz...
No sabía porqué en mitad de la noche se despertaba.¿Habría fantasmas?, no lo creo, el dueño del piso seguro que no lo habría permitido.
Dando vueltas al asunto, por fin me he dado cuenta de que hace mucho tiempo que no oigo el maldito reloj del que ya hablé en el post “Todos los días son nochevieja”.
¿Qué habrá ocurrido?, ¿Se habrán mudado los vecinos?, ¿se habrá roto la manecilla de darle cuerda?, ¿o habrá hecho la mujer tirita una intrusión al más puro estilo Misión Imposible como ya avisó?
No lo sé, pero qué tranquilidad durante todo el día y toda la noche!, lo peor de todo es que ahora tengo que preguntar la hora!.

sábado, 21 de enero de 2006

Diario de un Español en Kenia V
¡A chuparla! (Poblado Masai: 23/01/05)

La temporada de lluvias había llegado a su fin. Las horas de sol duraban desde las seis de la mañana hasta casi las siete de la tarde.
Cada día hacía más calor y el color verde con que nos dio la bienvenida la sabana, ahora se tornaba rendida hacia un color más dorado.
Exponerse demasiado tiempo directamente al sol era muy perjudicial, pues enseguida la piel podía sufrir quemaduras con mucha facilidad a pesar de utilizábamos protector solar de elevado factor.

La dinámica del trabajo comenzaba a volverse una rutina, con alguna que otra “sorpresa”, pero habíamos dejado atrás los nervios y la ansiedad de los primeros días.
Aquella tarde librábamos el grupo de ciervos que solíamos juntarnos más a menudo, por lo que decidimos hacer una excursión...
Nos habían hablado de un poblado Masai que se encontraba a una media hora de camino del hotel. A todos nos pareció una buena idea, por lo que después de comer llamamos a un par de taxistas, creo que eran “Elvis” y “Steve” los que nos llevaron ese día.
En el fondo íbamos un poco “acojonados”, en su mayor parte debido a los consejos del Doctor Pulmón, que nos había recomendado no acercarnos mucho a los masai, pues solían estar bien “equipados” de parásitos... véase pulgas, garrapatas o ladillas.

El viaje se hizo corto, pues en el “Amor e Vita” siempre reinaban las bromas y las risas.
Llegamos a el poblado, que se encontraba retirado a unos cientos de metros de la carretera Nairobi – Mombasa. Todo él estaba rodeado por un muro de zarzas y ramas secas que hacían infranqueable el lugar, salvo por las pequeñas entradas dispuestas en puntos estratégicos del poblado.
Varios Masai salieron a recibirnos nada más bajar de los coches. Tras regatear durante unos minutos, logramos un precio razonable por una visita guiada por el poblado, con muestra de costumbres y tradiciones.

La verdad es que era bastante teatro lo que hacían allí, pero en el fondo todo era real...
Nos enseñaron a hacer fuego, sus cabañas, como hacían la comida, la leche mezclada con sangre y sus danzas más espectaculares.
El masai que nos guiaba un hijo del Grand Papa o Jefe del poblado, que para vergüenza al menos mía, sabía hablar varios idiomas, aunque no español... (aquí en España hablamos el castellano y mal...)

Nos enseñó la garra y un colmillo del león que tuvo que cazar para convertirse en hombre, en un rito típico masai, que no creo que en la actualidad dudo que se siga realizando... El tipo se sacó los objetos de sus partes, y con el miedo a las ladillas, ese colmillo y esa garra nos parecieron bastante peligrosos...
También entramos en las chozas, y por no hacer un feo entramos hasta el fondo de una de aquellas construcciones, con pequeños agujeros a modo de ventanucos y que servían de respiraderos y para evitar la entrada de animales salvajes... Allí olía fatal, y con el miedo a las ladillas, imaginaros!!!

Una vez más la mirada inocente de los niños fue lo que más me impactó, pero habría un día en el que también me emocionaría bastante, pero eso ya lo contaré en otro post...
En ese poblado es en uno de los lugares donde mayor sensación de pobreza tuve, sobre todo cuando visitamos la escuela acompañados por dos o tres críos, con la cara mocosa y llena de moscas, pero con una sonrisa que iluminaba sus sucias caras...
Nos seguían a todas partes, les dimos las botellas de agua y casi provocamos una pelea... para que os hagáis una idea de cuanta miseria había allí.
Luego conocimos a los más ancianos del lugar que nos dijeron que tenían una barbaridad de años (no nos creímos nada).

Fue una gran tarde, tanto en lo cultural como en lo espiritual...
En este post pondría tantas fotos... Os tendréis que conformar con unas pocas.
Recuerdo que allí compre a un masai el collar del colmillo...
Volvimos al hotel, pero en el maletero venían montados cuatro masais!!!!
Nos preguntaron como se decía Adios en español...
La verdad es que fuimos un poco capullos, pero así era el Amor e Vita, siempre de cachondeo...
Les dijimos: “Good bye in spanish is A chuparla”
Paramos junto a un pueblo para que bajasen los masai, y el otro taxi llego hasta nuestra altura.
El espectáculo para los otros que venían en el otro taxi fue impresionante: Cuatro masais larguiruchos como son ellos agitando sus lanzas y manos, gritando: “A chuparlaaa!!”, “A chuparlaaaa!!!”, “A chuparlaaaaaa!!!!”.