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jueves, 8 de marzo de 2007

Diario de un Español en París
Día 3: La Sorbona, los Invalidos y Napoleón

El martes nos levantamos para no variar bastante temprano. Un rápido desayuno y cogimos el metro para dirigirnos hacia El Panteón.

Antes de llegar visitamos la Universidad de la Sorbona, pero su entrada estaba restringida a estudiantes de la propia Institución.

La mañana era fría y nebulosa por lo que nos acercamos casi sin darnos cuenta al Panteón.


El "Panthéon temple de la nation" tiene una
cripta que contiene los restos de 77 hombres ilustres de Francia desde Víctor Hugo, hasta Emilio Zola, sin olvidar al matrimonio de científicos Curie.

La parte superior permite descubrir unas hermosas vistas de la ciudad desde la cúpula de la Basílica. No vimos ni la Cripta (por
estar en obras) ni pudímos subir arriba porque sólo se abre entre primavera y otoño.

El edificio era inmenso. En el centro de la basílica y colgando de la cúpula estaba el Péndulo de Foucault moviéndose y marcando las horas como el día en que el mismísimo Foucault hizo la demostración del movimiento de la Tierra.

Salimos un poco decepcionados por no haber visto la cripta ni las vistas desde la cúpula y decidimos visitar una pequeña iglesia cercana al Panteón.



La iglesia era Saint Etienne du Mont. Sorprendente su interior por su belleza, luminosidad y sensación acogedora. Sus vidrieras iluminaban de color las capillas sobre las que destacaba la dedicada a Santa Genoveva.



Desde allí seguimos andando hacia los Jardines de Luxemburgo. Un paseo entre estatuas con un estanque y de fondo el Palacio de Luxemburgo el "Petit Luxemburg".


Un lugar ideal para dejar atrás el estrés y simplemente pasear por donde nos lleven los pies.


Unos minutos después callejeando llegamos hasta el Museo d`Orsay.
Una impresionante colección de pinturas y esculturas que cubre desde 1848, La Segunda República, hasta 1914, La Primera Guerra Mundial.
Disfrutamos contemplando obras de Manet, Monet, Van Gogh, Degas, Cézanne, Renoir,
Toulouse-Lautrec, Delacroix, Gauguin y muchos otros pintores del impresionismo, ingrismo, eclectismo, naturismo y simbolismo.
Es un museo para pasear tranquilamente y contemplar los detalles de las obras que se exponen en cada rincón y sala de la antigua estación de ferrocarril.

Desde allí nos dirigimos hacia los Invalidos y el Museo del Ejército "Hôtel National des Invalides".
De pasada
vimos el Museo Rodin, pero sin entrar, sólo viendo algunas esculturas en los jardines.

Agotados llegamos al museo del ejército, y allí comimos en un comedor muy asequible y con comida de calidad que estaba dentro del propio Museo.
Tan sólo pudimos ver la primera planta del museo del ejército, dedicado a la primera y la segunda Guerra Mundial, con una impresionante colección de armas, uniformes y objetos personales de los soldados alemanes, y franceses.
El ahora convertido en museo, fue construido por Luis XIV
para acoger a los veteranos de guerra y soldados inválidos. Fue una verdadera pena no poder visitar el resto del museo pues contiene armas y armaduras de los siglos XIII al XVI.

Junto al Museo del Ejercito se alza en una cúpula de linterna de una altura de más de 100 metros con aristas doradas (en 1989 su redoración supuso 12 kilos de oro) visible desde muchos puntos de la ciudad de París.

La cúpula pertenece a la Iglesia del Domo, convertida en Panteón militar en cuyo interior está la tumba de Napoleón y varios militares y allegados al emperador.
Los restos del emperador descansan en el interior de cinco ataúdes sucesivos, uno de hierro blanco, uno de caoba, dos de plomo y uno de ébano.
Cuando salimos de la I
glesia estaba anocheciendo, y decidimos dar un paseo hasta el Sena y caminar hasta la Ile de la Cité.



Desde allí realizamos un crucero por el Sena, viendo todos los monumentos existentes en ambas riberas iluminados en una fría noche parisina.
El crucero mereció la pena, y dimos por terminado el día que había sido agotador pero muy bonito.

sábado, 27 de enero de 2007

Diario de un español en París.

Día 2. Notre Dame, Ste-Chapelle y La Conciergerie
Nos levantamos temprano para aprovechar al máximo el día y sobre las 9 salimos por la puerta del hotel.

Cogimos el metro hasta la parada de "Cité", que está en el centro de una de las islas del río Sena. A unos metros descubrimos las torres de Notre Dame, la Catedral de París.

Una visita al interior para contemplar su estructura y visitar la capilla y salimos al exterior para acceder a las torres.

Estaba medio lloviendo, pero a pesar de ello tuvimos que esperar media hora hasta que nos tocó el turno de subir.
En el interior de la primera torre hay un espacio bastante grande dedicado al turismo en el que venden todo tipo de souvenirs.

Seguimos subiendo hasta que llegamos a una balaustrada denominada "galería de las quimeras" debido a las gárgolas que decoran la Catedral. Desde allí arriba las vistas son magníficas.

Hay una panorámica de París inolvidable, con la Torre Eiffel, el Panteón, Ste-Chapelle, el Sacré Coeur, más monumentos que destacan en el horizonte.

Atravesamos la balaustrada hasta la torre sur y entramos en su interior donde se puede ver el campanario y la gigantesca campana mayor, todo el conjunto famoso por la novela "Notre Dame de París" de Víctor Hugo y el Jorobado Quasimodo.

La torre sur permite ascender hasta arriba, cosa que por supuesto hicimos.
Pese a que era un día plenamente otoñal París nos mostró todo su esplendor.
Torres y edificios mostraban un horizonte irregular y singular que no pasaba deapercibido a cualquiera.


Bajamos todas las escaleras y tomamos un café en una crepería de la zona, resguardandonos de la lluvia que comenzaba a caer con fuerza. Una vez repuestas las fuerzas reanudamos la marcha. Visitamos la otra isla (Saint Louis) y regresamos a isla de la Cite para ver la Conciergerie y Ste Chapelle.
Ste Chapelle es una pequeña iglesia (Santa Capilla) que no llama la atención y menos en el lugar en el que está ubicada (rodeada por los juzgados de París).

Unos andamios indicaban que la iglesia estaba en obras para restaurar su fachada, pero estaba abierta al público.
Ste Chapelle consta de dos plantas, la primera no tiene mucho que ofrecer a los visitantes, el esplendor lo reserva para la planta superior, con sus magníficas vidrieras que ocupan practicamente la totalidad de las paredes de la iglesia.


Maravillados por el espectáculo, (recomendable visitar un día soleado por las vidrieras) visitamos a unos pocos metros la Conciergerie, un edificio medieval que pasó de residencia real a prisión de cientos de personas, muchas de las cuales sufrieron la Revolución Francesa en la guillotina.



En el edificio se conserva el patio de las presas y varias celdas, una de ellas se cree que es en la María Antonieta estuvo presa, con una recreación...





No deja de llamar la atención y el morbo del visitante una cuchilla perteneciente a una verdadera guillotina, que según los documentos sirvió para ajusticiar entre otros a Lacenaire un peligroso asesino de la época entre otros delincuentes.

Finalizada la visita comimos en un pequeño restaurante de la Isla de Saint Louis y nos dirigimos al Louvre pero ese día cerraban por la tarde, al contrario de lo que venía en la guía...


Decidimos aprovechar la tarde visitando el barrio de Marais, con sus tiendas y sus edifícios típicos del siglo XVII, en especial la Plaza des Vosges, donge tenía su casa (Maison) el escritor Victor Hugo.
Tomamos un delicioso chocolate frente a la Place des Vosgues y caminamos hacia la Plaza de la Bastilla, antes de tomare el metro hasta nuestro hotel. Así terminó nuestro segundo día en París.


sábado, 13 de enero de 2007

Diario de un español en París.
Día 1. Montmartre y Torre Eiffel


Con un poco más de tiempo cumplo poco a poco la promesa de contar detalladamente el viaje a París del mes pasado.

Era aproximadamente mediodía cuando llegamos al hotel, muy cerca de la Estación Gare du Nord, una de las estaciones más importantes de París que conecta con el aeropuerto Charles de Gaulle y desde donde parten los trenes hacia Londres que atraviesan el Canal de la Mancha por el Eurotúnel.


Tras un primer vistazo a la habitación salimos a la calle y nos dirigimos andando hacia Montmartre. Entre las tiendas de recuerdos turísticos apareció imponente en lo alto de una colina la Basílica del Sagrado Corazón o Sacré Coeur.
Una buena subida de escaleras pero que tenía su merecida recompensa pues desde la cima (el punto más elevado de París) había una magnífica panorámica de la ciudad.


Hicimos una visita a la Basílica y salimos a recorrer los callejones del barrio de Montmartre plasmado en algunas escenas de la película "Amelie" y conocido como el barrio de los pintores y los bohemios, lugar habitual de Picasso, Van Gogh, Renoir y Dalí.

En la esquina de la Rue Lepic surge un molino de viento, y otro oculto en lo alto de la colina entre la maleza y los edificios colindantes, son los famosos molinos de Montmarte.


Bajando la misma calle llegamos la casa en que vivió Van Gohg y
caminando hasta el final de la misma calle nos encontramos con las
rojas aspas del Moulin Rouge y en la misma calle el Museo del Erotismo.

La mañana había quedado atrás y decidimos hacer una breve parada para comer y reponer fuerzas.


Al ser invierno la noche en París llega sin darte ni cuenta, de modo que nos dirigimos en metro hasta el Arco del Triunfo, mandado construir por Napoleón para celebrar sus victorias.

Una breve ojeada al Monumento gigantesco (parece pequeño pero engaña) y seguimos caminando hacia la Torre Eiffel.



De vez en cuando la torre se asomaba entre las azoteas de los edificios hasta que apareció por completo al atardecer desde la Plaza de Varsovia.
Los 320 metros de altura casi no entraban en las fotos... (fue el edificio más alto del mundo hasta 1930).
A medida que nos acercábamos la Torre se hacía inmensa.
Hay dos modos de subir la Torre Eiffel: En ascensor o por las escaleras.
Por las escaleras puedes llegar hasta el segundo nivel, pero para acceder al tercero hay que coger el ascensor.
Me decidí por subir por las escaleras porque me habían comentado que tenía mayor encanto, y es cierto porque es un modo de apreciar la altura a medida que vas subiendo y subiendo escaleras.


Las vistas son impresionantes. Estaba anocheciendo y fue una pena no ver desde arriba del todo la ciudad al atardecer. Nos tuvimos que conformar con ver París iluminado.
Dos horas estuvimos en la Torre con frío pero disfrutando de ese encanto especial que tienen ciertos lugares.

Regresamos al hotel pero antes dimos un breve paseo por los Campos Elíseos, con los árboles iluminados al ser navidad y las calles y tiendas abarrotadas de gente.

Continuará...